El amor es un concepto universal relacionado con la afinidad entre seres, definido de diversas formas según las diferentes ideologías y puntos de vista (científico, filosófico, religioso, artístico). Habitualmente se interpreta como un sentimiento y con frecuencia el término se asocia con el amor romántico. Para Gottfried Leibniz, «amar es encontrar en la felicidad de otro tu propia felicidad». En el terreno religioso presenta fuertes connotaciones espirituales, de forma que trasciende el sentimiento y pasa a ser un estado del alma o de la conciencia, identificado en algunas religiones como Dios mismo. En Psicología, Robert J. Sternberg cree necesarios para que exista amor tres elementos: intimidad, pasión y decisión o compromiso. Para Erich Fromm, el amor es un arte. En Biología, parece estar relacionado con la supervivencia del individuo y de la especie. Según algunos, no es privativo de la especie humana, y también pueden presentarlo otros seres capaces de establecer nexos emocionales.
El concepto de amor no es una noción técnica en biología sino un concepto del lenguaje ordinario que es polisémico (tiene muchos significados), por lo cual resulta difícil explicarlo en términos biológicos. Sin embargo, desde el punto de vista de la biología, lo que a veces se llama amor parece ser un medio para la supervivencia de los individuos y de la especie. Si la supervivencia es el fin biológico más importante, es lógico que la especie humana le confiera al amor un sentido muy elevado y trascendente (lo cual contribuye a la supervivencia). Sin embargo, en la mayoría de las especies animales parecen existir expresiones de lo que se llama "amor" que no están directamente relacionadas con la supervivencia. Las relaciones físicas con individuos del mismo sexo (equivalentes a la homosexualidad en el ser humano) y las relaciones sexuales por placer, por ejemplo, no son exclusivas de la especie humana; se observan comportamientos altruistas por parte de individuos de una especie hacia los de otras especies (las relaciones milenarias entre el ser humano y el perro son un ejemplo). Algunos biólogos tratan de explicar dichos comportamientos en términos de cooperación para la supervivencia o de conductas excepcionales poco significativas. A partir de los años 1990 psiquiatras, antropólogos y biólogos (como Donatella Marazziti o Helen Fisher) han encontrado correlaciones importantes entre los niveles de hormonas como la serotonina, la dopamina y la oxitocina y los estados amorosos (atracción sexual, enamoramiento y amor estable).


Manifestaciones del amor

Amor maternal (cuadro de William-Adolphe Bouguereau, 1869).En las relaciones de la persona con su medio, el amor puede presentar una o más de una de las manifestaciones siguientes: Amor autopersonal. La autoestima o amor propio es el amor hacia uno mismo. Es algo positivo para el desarrollo personal e indispensable para las buenas relaciones interpersonales. Se basa en la aceptación de las virtudes y defectos propios y la percepción de éstos en su justa medida. No debe confundirse con el narcisismo, que conlleva egocentrismo y que suele existir como consecuencia de una autoestima baja. Vulgarmente se malinterpreta con frecuencia el concepto de autoestima al referirse al narcisismo patológico como "autoestima demasiado alta" o "demasiado amor propio". La autoestima es el requisito necesario para que exista amor real en cualquiera de sus manifestaciones. Amor filial: entre padres e hijos (y, por extensión, entre ancestros y descendientes). Específicamente el amor maternal, o amor de madre a hijo, por tradición, se considera motivado por un fuerte instinto que lo hace especialmente intenso. No obstante, hay también quien cuestiona la existencia de dicho instinto. Amor fraternal: en su sentido estricto, es el afecto entre hermanos, aunque se extiende a otros parientes exceptuados los padres y adultos. Nace de un sentimiento profundo de gratitud y reconocimiento a la familia, por emociones que apuntan a la convivencia, la colaboración y la identificación de cada sujeto dentro de una estructura de parentesco. Lo mismo que el amor filial, y desde el punto de vista del psicoanálisis, el fraternal es sublimado, ya que está fundado en la interdicción del incesto. Amistad. Cercano al amor fraternal, es un sentimiento que nace de la necesidad de los seres humanos de socializar. El amor al prójimo nace a su vez del uso de la facultad de la mente de empatizar y tolerar, y constituye la abstracción de la amistad. Para Erich Fromm, dicho amor al prójimo equivale al amor fraternal y al amor predicado en la Biblia mediante la frase «amarás al prójimo como a ti mismo». Amor fraterno (figurillas prehispánicas de barro, 250-900 d. C.). Pueblos indígenas del Centro de Veracruz. Museo de Antropología de Xalapa, México).Amor romántico: nace en la expectativa de que un ser humano cercano colme a uno de satisfacción y felicidad existencial. Este sentimiento idealiza en cierto grado a la persona objeto de dicha expectativa, definida en la psiquis. Amor confluente: amor entre personas capaz de establecer relaciones de pareja definido a mediados del siglo XX. Aparece por oposición al amor romántico: no tiene que ser único, no tiene que ser para siempre, no supone una entrega incondicional etc. Amor sexual: Incluye el amor romántico y el amor confluente. El deseo sexual se considera una manifestación del amor únicamente si nace de la autoestima. Amor platónico. Con propiedad, es un concepto filosófico que consiste en una elevación de la manifestación de una idea hasta la contemplación de la misma, que varía desde la apariencia de la belleza hasta el conocimiento puro y desinteresado de su esencia. Para Platón, el verdadero amor es el que nace de la sabiduría, es decir, del conocimiento. Vulgarmente, se conoce como una forma de amor en que no hay un elemento sexual o éste se da de forma mental, imaginativa o idealística y no de forma física. Amor a los animales: nace de un sentimiento protector. Amor hacia algo abstracto o inanimado: un objeto físico, una idea, una meta, a la patria (patriotismo), al lugar de nacimiento, al honor, a la independencia (integridad). Puede considerarse amor platónico en su sentido filosófico. Amor hacia un dios o una deidad (devoción): Suele nacer en la educación recibida desde la infancia. Considera a Dios como la fuente de todo amor y se basa en la fe. En la mayoría de los casos, se considera que tras la muerte Dios premiaría de alguna forma a las personas que la correspondiente religión considera virtuosas. Representación del amor (erastés y erómeno, Siglo V a. C.).Amor Universal: el que todas las personas pueden llegar a sentir por el medio natural y que los grandes místicos experimentan como nirvana, éxtasis o iluminación, manifestación sublime en la que, según el cristianismo o el budismo, se eclipsan o confluyen el resto de las manifestaciones. Eckhart Tolle sostiene que el amor, como estado continuo, aún es muy raro y escaso, tan escaso como un ser humano consciente. Algunos idiomas, como el griego antiguo, distinguen entre los diferentes sentidos del amor mejor que el español. Por ejemplo, en griego antiguo existen las palabras filia, eros, agape y storge, las cuales significan amor entre amigos, amor romántico o sexual, amor incondicional y amor afectivo o familiar respectivamente, o en latín cupiditas como correspondiente al griego eros (deseo sexual) y caritas como correspondiente al griego agape (empatía, altruísmo). Sin embargo, tanto en griego como en muchos otros idiomas, históricamente ha resultado muy difícil separar los significados de estas palabras totalmente, por lo que es posible encontrar la palabra ágape (amor incondicional) siendo utilizada con el mismo significado que eros (amor sexual o romántico). Sin embargo, algunas terminologías vulgares en español como por ejemplo filito, originado de 'filia, genera jerarquías de seriedad o duración de la pareja.
Frases de amor
Ama hasta que te duela. Si te duele es buena señal.
 Madre Teresa de Calcuta (1910-1997) Misionera yugoslava nacionalizada india.
Te amo para amarte y no para ser amado, puesto que nada me place tanto como verte a ti feliz.
 George Sand (1804-1876) Escritora francesa.
Amar no es solamente querer, es sobre todo comprender.
 Françoise Sagan (1935-2004) Escritora francesa.
Ni la ausencia ni el tiempo son nada cuando se ama.
 Louis Charles Alfred de Musset (1810-1857) Poeta francés.
Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor, si perdonas, perdonarás con amor.
 Tácito (55-115) Historiador romano.
Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta.
 Sam Keen (1931-?) Escritor, profesor y filósofo americano.
El que ha conocido sólo a su mujer y la ha amado, sabe más de mujeres que el que ha conocido mil.
 Leon Tolstoi (1828-1910) Escritor ruso.
La señal de que no amamos a alguien es que no le damos todo lo mejor que hay en nosotros.
 Paul Claudel (1868-1955) Escritor y diplomático francés.
Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección.
 Antoine de Saint-Exupery (1900-1944) Escritor francés.
Amar es encontrar en la felicidad de otro tu propia felicidad.
 Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716) Filósofo, físico y matemático alemán.
Los amores mueren de hastío, y el olvido los entierra.
 Jean de la Bruyere (1645-1696) Escritor francés.
En punto a amores tengo otra superstición: imagino que la mayor desgracia que a un hombre le puede suceder es que una mujer le diga que le quiere.
 Mariano José de Larra (1809-1837) Escritor español.
Al primer amor se le quiere más, a los otros se les quiere mejor.
 Antoine de Saint-Exupery (1900-1944) Escritor francés.
El primer amor es una pequeña locura y una gran curiosidad.
 George Bernard Shaw (1856-1950) Escritor irlandés.
La magia del primer amor consiste en nuestra ignorancia de que pueda tener fin.
 Benjamin Disraeli (1766-1848) Estadista ingles.
Tras las huellas de grandes amores en Buenos Aires
"No sabes la pesadumbre tan grande que me ha causado tu separación, porque aun, cuando me prevenías que podían ofrecerte algún viaje, me parecía que nunca iba de llegar este caso. Al principio me pareció un sueño, y ahora me parece la misma muerte, y la habría sufrido gustosa con tal de que no te vayas."
El fragmento pertenece a una epístola escrita por María Guadalupe Cuenca a Mariano Moreno, y es el puntapié inicial para poner en marcha Historias de amor de la historia argentina, una curiosa visita guiada por la ciudad compuesta por doce relatos sobre la vida amorosa de grandes próceres nacionales, desde Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Domingo Faustino Sarmiento y el General José de San Martín hasta Lucio V. Mansilla, el virrey Liniers, Mariquita Sánchez de Thompson o Juan Manuel de Rosas.
Con ojos de extranjero
Más allá de las intrigas políticas, el material divulgado por Historias de amor... es el resultado de una investigación basada en crónicas de época, documentos históricos y un relevamiento in situ por los asentamientos donde vivieron los protagonistas. Y, sobre todo, una nueva excusa para volver la mirada y convertirse en turista en la propia ciudad.
Si bien en algunos casos los lugares aún permanecen en pie, en su mayoría apenas si quedan rastros de ellos, por lo cual se recurrió a la voz de la narradora Claudia Stella -ahora reemplazada por Mariana Bordoli- para disparar la imaginación mediante sus interpretaciones.
Apenas el bus se pone en movimiento, comienzan a urdirse tramas como la de Elisa Brown, hija del almirante Brown, con el capitán Francis Drummond, un joven "valiente y arriesgado", de 24 años, que había servido a la armada de Brasil para luego pasarse a las órdenes de su futuro suegro.
Según relatan las crónicas, "Drummond era bastante apuesto, y de tanto visitar la casa de su superior conoció a Elisa y se enamoró perdidamente", relata la narradora frente a la fachada de una antigua vivienda en Martín García al 500. Poco después, Drummond le propuso matrimonio a Elisa y obtuvo su consentimiento, aunque de inmediato debió partir a la guerra. Por desgracia, el 8 abril de 1827 fue gravemente herido en una pierna, y poco después murió.
"Elisa tomó la noticia con una preocupante serenidad -sigue Stella-; hasta que en diciembre de ese mismo año, luego de enfundarse en su vestido de novia, comenzó a caminar hacia el Río de la Plata adentrándose en el barro hasta quedar cubierta por las aguas. Había decidido dejar de vivir por no soportar la ausencia de su amado."
Una de las características que se repite en la mayoría de estas doce historias es la edad temprana en que las mujeres se iniciaban en la carrera del amor. Tal es el caso de María Eugenia Castro, una joven vivaz de 13 años que las crónicas describen como "casi una odalisca criolla".

Bajo el sello de Rosas
Hija de un general, María Eugenia fue educada bajo la tutela de Juan Manuel de Rosas. En 1835 empezó a cuidar a Encarnación Ezcurra, por entonces esposa oficial de don Juan Manuel, que padecía una enfermedad grave que terminaría con su vida en 1838.
Apenas dos años después nacía el primero de los seis hijos de María Eugenia Castro con el mismísimo Juan Manuel de Rosas. "De esta unión ilegal no quedaron muchos datos escritos, pero sí estos seis hijos que aparecen en los documentos históricos. Si bien la unión no fue oficializada, de alguna manera sí fue aceptada por su familia, ya que los niños nacían año tras año y nadie decía nada", observa la narradora.
La pareja vivió en Buenos Aires hasta 1852, cuando Rosas partió solo al exilio. Luego de su muerte, en el testamento Rosas sólo menciona a dos de sus seis hijos con María Eugenia Castro, a la que se dirige como la persona que cuidó a su esposa en la enfermedad.
El recorrido también hace foco en la polémica historia del virrey Liniers y Anita Perichón, alias la Perichona. Hija de una familia de modales mundanos, pero de ribetes nobiliarios, se cuenta que la Perichona tenía "esa gracia ligera que ahuyenta las tristezas de los corazones de los hombres", aunque esto no le ahorró al virrey grandes dolores de cabeza, ya que Anita nunca perdía ocasión de expresar en público su marcada oposición a la impía madre patria, que justamente su amante venía a representar en el Río de la Plata.
El caso de la historia cruzada de Josefa Céspedes (hija de la fondera Martina Céspedes) con un tal John, integrante de las tropas enemigas durante las Invasiones Inglesas, merece un capítulo aparte, así como las idas y venidas de Mariquita Sánchez con su primo segundo, Martín Thompson, o las andanzas de Lucio V. Mansilla, que ya a muy temprana edad supo distinguirse por su "gran predisposición para la relación con las mujeres y el buen comer".

En cualquier caso, Historias de amor... es una buena excusa para adentrarse en la ciudad y descubrir aristas de la historia argentina que, significativamente, muchas veces han sido silenciadas por sus protagonistas.
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